La magia de la Exaltación

En una de esas tardes de sol anaranjado, brisa suave del mar Mediterráneo y cierto olor a primavera, aún estando en diciembre, preguntaba un niño: ¿qué es la magia? Y para dar respuesta a tan complicada cuestión, se recorre la memoria en busca de imágenes que permitan explicarlo.

Y le cuentas a ese inquieto infantil que la magia son los ojos de Cristina, Paula y Marcos llegando el sábado a Noches de Bohemia. Los ojos y la sonrisa. Esa que denota la satisfacción del que siente el calor de su gente, el cariño de quienes te quieren. Porque allí están todos: amigos y familia. Los que te dedicarán las palabras más sinceras y honestas.

Mágico es entrar al salón lleno de gente, ver la pasarela preparada, el telón que pronto se abrirá para dar paso al brillo, al color, a la luz propia de la Corte de Honor de la Comisión. Niños, niñas, mujeres, hombres a los que con tanto honor,  clase, elegancia y responsabilidad representas.

Magia es abrir el baile, ser el primero en subir al escenario, saber hacerlo. Llevar dentro ese algo que haga que te salga natural, quién sabe, quizá los genes. Y salir ahí como Marcos, derrochar una madurez que aún no le debería ser propia, ayudando a la que también es su Corte, sabiendo dirigirlos hacia su sitio. Un pequeño gran presidente.

Y el futuro también viene cargado de magia. La que dan unos niños que son alegría y orgullo para todos. Los que visten ilusionados el traje regional, los que nombran con satisfacción a su falla en su colegio, a sus amigos. Nuestros niños.

Y cuando el telón se abre, la respiración se entrecorta y las luces se apagan, le llega el foco a ella: Paula, la Fallera Mayor Infantil. Con los ojos vidriosos, reflejo de un alma plena de ilusión, llena de magia. Porque la magia no es tal sino le acompaña el sentimiento. Las lágrimas de quien sueña despierta. Cada lágrima derramada es ilusión que llena la estancia, que contagia. Lo que convierte ese sueño en un hechizo que llena los corazones de todos los que la ven.

Son el futuro, la ilusión de una gran familia. La que forman junto a quienes llenan el salón y quienes han gastado tiempo en elegir sus mejores galas. La Corte de Honor que desfila poderosa, brillante por la pasarela, que quiere acompañar a sus máximos representantes en el día de su Exaltación. Y son recibidos por Miguel Ángel, quien capitanea una nave que flota en el mar de la confianza y la ilusión colectiva, con el motor de la Passió Fallera y el combustible que nunca se acaba: sus excepcionales falleros.

Y todos juntos, se ponen de pie para recibir a quien este año pasea el nombre de la Comisión por todos lados. Sus pasos levantan esquirlas de ilusión, motas de corazón, latidos de magia. Cristina, con la profundidad de sus ojos, saluda, ve a los suyos, su Corte de Honor le espera. Y en ese momento, en ese preciso momento, el reloj se para, se congela todo. Ahí te recorre el cuerpo la electricidad, el poder de la magia.

Porque puedes medir el tiempo, pensar lo que debe durar todo, pero, pequeño amigo mío, la magia no la puedes controlar, es ella la que te invade y te hace sentir que volar no es una utopía. Porque la magia se llena de los sueños y cuando estos se cumplen, la luz es inmensa. Elige la música que quieres ponerle, pero la magia ya te ha atrapado. ¿La sientes?  Y el niño, sin decir nada, sonrió.Puedes ver todas las fotos clicando aquí 

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